" /> Antonio Eslava

 

 

 

Antonio Eslava es un artista navarro que trabaja en Pamplona, después de haber realizado muy sólidos estudios de dibujo y pintura. Cultiva varios géneros y técnicas, peor últimamente, se ha inclinado más a las del grabado y la xilografía. La vocación le lleva por caminos que son los más seguidos entre los varios que hay, a veces opuestos.

Pese a su sólida formación académica no es un artista con vocación por lo <tradicional> en escuelas, exposiciones y concursos. Tampoco un <moderno>, en el sentido equívoco que ya tiene esta palabra. Porque, en efecto, a los que ya somos setentones nos choca que alguna vez se diga de lo que hace un joven de veintitantos años: “Es muy moderno lo que hace”. Porque pensando en nuestra propia experiencia podemos contestar: “ Pues mire usted, lo que hace ese joven se parece bastante a cosas que ya podía uno ver cuando era chico, hace más de sesenta años”.

Este misterio de que <lo moderno> puede haber empezado a comienzos de este siglo XX ya caduco, es uno de los muchos de una época bastante ininteligible en suma.

Eslava domina el dibujo: pero, como a otros artistas a los que les ocurre lo mismo, no le tienta el dibujo <clásico>, lo griego, lo renacentista u otras formas en las que se llegó a perfección inmensa a lo largo de los siglos. En cambio sí le ha fascinado –y eso se ve en sus xilografías- el dibujo de los hombres del Paleolítico superior, que fueron, durante el Magdaleniense, sobre todo, unos estupendísimos dibujantes de animales. En este volumen hay algún eco de Altamira.

Todavía no se ha explicado bien la razón de la habilidad extraordinaria de los dibujantes y pintores de cuevas y abrigos rocosos. Cuando empezaron a descubrirse en España hubo prehistoriadores competentes que creyeron que se trataba de falsificaciones. Más tarde allá a comienzo de este siglo cuando mi tío Ricardo Baroja estuvo en Albarracín y vio los famosos <toricos>, se encontró en la misteriosa población a un pintor inglés excéntrico, S. Gibson, que sostenía seriamente que se trataba de una <broma> que había hacho en aquellos recónditos lugares (no se sabe con qué objeto), algún pintor <animalier>.

 

 

 

Se nos presenta aquí Antonio Eslava, no como <peintre animalier>, dispuesto a gastarnos una broma enigmática y problemática, sino como <dessinateur> y <graveur>, con plena conciencia de lo que hace.

Dentro de su vida, dentro de su mundo circundante, encuentra un tema que es familiar y al mismo tiempo atractivo para mucha gente de fuera de ese mundo: el del <encierro> durante las fiestas patronales de Pamplona, los <Sanfermines>.

Acerca del mismo se ha escrito mucho y como va dicho en tiempos modernos, ha producido una especie de fascinación en el mundo. Hoy puede decirse que miles de gentes que saben poco de España o de Navarra en general, que ignoran los tesoros que cabe contemplar en Pamplona, tienen idea clara de lo que es el <encierro>, porque lo han visto, han leído reportajes, han contemplado fotos o han leído alguna obra que lo toma como base.

Desde el punto de vista plástico, sin embargo, el <encierro> no ha producido demasiado interés: hay algunos carteles anunciadores de la fiesta, algún apunte rápido y poco más. Eslava se ha lanzado a la aventura de crear sobre él una obra abundante y trabajosa y dirigida en un sentido que no es el de las más famosas <tauromaquias> que han creado los artistas españoles de más brío, desde Goya a Picasso. En primer término el <encierro> no es una lucha en sí. En segundo lugar Eslava ha querido ver detrás de él con independencia de su desenvolvimiento común, algo más lejano y poético, en lo que entran como actores el río, los númenes del río (el Arga) y la misma ciudad de Pamplona. Ha <construido > así, un poema gráfico y plástico en que entran como elementos otros distintos al <encierro> en sí. En suma un esfuerzo grande de técnica y de imaginación. Un esfuerzo de artista ejemplar. Porque el artista debe saber su oficio (hoy muchos que dicen tales no lo saben bien), debe mirar al exterior y en suma, debe también mirar más allá y soñar.

Julio Caro Baroja
Itzea, 25 de septiembre de 1986.