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Cuando fui a casa de Antonio Eslava a ver estos grabados, se oyó el cimbanillo de las monjas antiguas en el patio. Debajo del convento y de la plazuela parece que existe sin explorar, bastante de nuestra prehistoria. En la Plaza de San José había un otoño poético y callado entre los castaños verdes, rojos y amarillos.
Hablaba Antonio: el toro que sale de la roca, Galatea saliendo del mar, y lamia que llega con su mensaje de misterio al río Arga. La conversación con Eslava era seria y yo tenía cierto temor a mis preguntas. Escuchaba lo del mito, la familia, el chico mozo, los padres, la iniciación al rito…
Se rompió el falso equilibrio cuando Antonio me dijo que se trataba de resolver con el arte la incógnita de nuestra leyenda. Si no, todo se resuelve con el pezuñón. ¿Pezuñón…? Sí, lo de siempre, lo de siempre…
Quizá el primer manifiesto del pezuñón fue aquel bello cartel de Fiestas que pintó Ciga, donde un mozo con blusa y chapela salta a una reja de la Estafeta, y debajo un toro rojo como de Karrikiri. Después sólo se pintaba la emoción de cada día y de cada instante de los Sanfermines.
¿Y de lo de antes, qué?, ¿y lo de hace dos mil años, o tres mil, o …?, ¿de eso qué?
En los grabados de Eslava hay un importante recuerdo de Altamira. Yo estuve allí hace años y vi algo inquietante. En una cueva inmediata fue descubierto el esqueleto de alguien errante que cayó por una fisura. Y allí lo conservaron como quedó hace siglos; un esqueletillo. Alguien dijo, igual quiso saber algo sobre el misterio de todo esto…
Antonio también ha querido asomarse al misterio. Al misterio de ese torero a pie en un capitel gótico de la Barbazana que agarra a un toro por los cuernos. En el testuz hay una svástica o lauburu. Al de San Ataúlfo que
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en el refectorio de la Catedral también coge a un toro por los cuernos dominándolo. En esto es mejor lidiador que San Saturnino.
Antonio nos muestra a San Cernin muriendo bajo la fiera. Se ve la mitra sobre un barullo de vestidos episcopales, astas y pezuñas.
-¿Quién sabe de toda esta respetable tauromaquia?
Vemos después a los toros en el encierro, en el rompeolas que es la curva de la Estafeta, al mozo malherido, las piernas, el sol…Y la otra escena:
. Quizá como quisieron verlo aquellos antiquísimos navarros de Artajona, Eslava y Ujué en aras y mojones, al toro en piedra y a veces con la luna entre los cuernos como lo ve Antonio ¡Astas-lunas!
Desde hace millones de años corre la leyenda del toro, la mujer y el hombre.
Toros encampanados guardan desde una lápida el sueño de aquella niña enterrada en Villatuerta en tiempos romanos. Y un toro de frente vigila en una estela la tumba de Annia Baturra, en Tierra Estella.
Y llegamos a la apoteósis del ruedo, conjunción de círculos, de soles. Y a Teseo y el Minotauro, cuya lucha esculpió aquel pamplonica vascón o romano. ¿No quiso representar allí al <toro-toro> y al mozo?
Creo que Eslava es el primer pintor navarro que ha afrontado el hoy, el ayer y el anteayer de nosotros y el toro. Una síntesis de tanto siglo que en parte está aquí, debajo de la Plaza de San José. Encima, hoy, los castaños del otoño tienen las hojas verdes, amarillas y casi rojas.
Miguel Javier Urmenta
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